La práctica es atravesar los límites, salir de la zona del confort

Muchas veces alumnas y alumnos en clase dicen que no quieren hacer tal o cual postura o ejercicio porque les duele. Yo he sido de las primeras que a veces he respondido: haz sólo lo que te haga sentir bien, o: escucha tu cuerpo y no hagas nada que te haga sentir incómoda. Pero hace tiempo que ya no lo digo. Cuando alguien reclama un dolor, me paro y le pregunto: es dolor o es incomodidad? 
Creo que es interesante interrogar la molestia, o el dolor si es dolor, relacionarse con ello, dialogar. La práctica No es quedarse solo con lo que nos haga sentir bien. De hecho, la práctica muchas veces roza los límites, entre dolor y placer, entre el sentirse incapaz y la capacidad, entre lo incómodo y lo cómodo, entre quedarse o irse, entre estancarse o crecer. La práctica es atravesar los límites, salir de la zona del confort. 
¿A veces duele?  – Sí. 
Creo que si el dolor está, tanto el físico como el emocional, siempre nos tiene algo que decir. Hay mucho detrás de cada dolor, de cada molestia. Pasamos la vida tomando remedios para sentir menos. A la primera que nos duele la cabeza nos tomamos una pastilla y si nos duele el corazón, buscamos distracciones para taparlo. Pasamos la vida anestesiados. Creo que si no nos dejamos experimentar el dolor y si nunca lo miramos en los ojos, tampoco podemos experimentar el placer y la alegría. Y si no prestamos atención al dolor, seguirá visitándonos bajo diferentes apariencias, hasta que le hagamos caso. 
Un amigo decía, que ese dolor particular que te ha tocado en esta vida, es como un niño que te da toquecitos en la espalda mientras que estás ocupado con otra cosa. Molesta, y si no le quieres hacer caso, pues el niño tocará con más intensidad, te empezará a doler y molestar más, pero él no parará hasta que te gires y le mires, hasta que le preguntes qué quiere. El dolor no es ni bueno ni malo, lo único cierto para mi, es que está ahí para decirnos algo. Y sólo se puede traspasar, haciéndole caso, observándolo y dejando que nos atraviese. 
Ponte en la esterilla, sal de la zona de confort, respira y permítete sentir. Las agujetas es solo uno de los reflejos del trabajo que estás haciendo.  

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