Qué importante perderse en otros caminos, para volver a la ruta que lleva a casa

El otro día me subí al autobús en la parada de siempre, a la ruta de siempre, hacia casa. Estaba mi conductor favorito y me quedé todo el trayecto de pie hablando con él. Hablábamos de su trabajo, del día a día, y me llamó la atención la sencillez en sus palabras, y lo profundo que me tocó esa sencillez. Él lleva muchos años conduciendo la misma ruta, conoce las curvas, conoce cada parada y a las personas que suben en cada una de ellas. Me dijo que a veces le destinan a otra ruta, al 20 o al 15 o al 3, y dijo, yo voy, porque es mi trabajo, y será bueno salir de la rutina, pero lo que pasa con esta ruta, la mía, es que no tiene monotonía, aquí nunca me aburro. Hay que estar muy despierto, me dijo con ojos atentos. Si me despisto, mal iríamos. La gente me pregunta si me canso, pero no me canso, para mi no es monótono. Cuando alguna vez hago otra ruta, echo de menos la estrechez de estas calles, echo de menos las curvas, y el ruido que hacen las ramas sobre la ventana. El ruido de las ramas cuando las paredes del bus acarician los arboles en las curvas. Qué poético, y qué sencillo, pensé yo. Y qué importante salir de la rutina, perderse en otros caminos, para volver a la ruta que lleva a casa. 
Esta semana quiero dedicar la práctica a volver a la esencia, a través de la observación de los detalles, y de la apreciación de las pequeñas cosas. 
Volviendo a casa, vuelves a la esencia de quien eres, y esa es la tarea con el estar aquí, buscar tu verdadera naturaleza y cumplir con el destino que es tuyo. Dibujas tu camino, como parte de una imagen más grande. No podemos hacerlo todo, ni ser todos iguales, pero todos somos uno. Y en unidad, lo que tú no haces lo cumplirá el otro, y lo que el otro no hace, lo cumplirás tú. 
Mi propuesta para mi misma, es bajar las revoluciones, volver a un ritmo más pausado. Porque creo que es allí donde puedo apreciar el sonido de las ramas chocándose con mi ser andante. 
Qué bonito es perderse para volver a encontrarse. 
Y no es un andar en círculos, es un andar en espiral, hacia una conciencia cada vez más elevada. 

Qué cada OM sea un retorno a casa.

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